Daniel Dessein, vicepresidente regional de la SIP, condujo una conversación sobre los cruces entre el poder y la prensa en la región durante el desarrollo de la reunión de medio año de la organización que nuclea a 1.300 medios de todo el continente. Lo acompañaron Javier Corrales, profesor de Ciencias Políticas del Amherst College y del Centro Rockefeller de la Universidad de Harvard, y Boris Muñoz, fundador de la Sección Opinión en The New York Times en Español y ganador del premio Moors Cabot.
Corrales habló sobre sus hallazgos en investigaciones como la que nutrió Fixing democracy, libro en el que revisa las formas en que el sistema se degrada progresivamente desde adentro a través del debilitamiento de los controles, reformas constitucionales, instauración de un hiperpresidencialismo y ataques a la prensa. “En América latina hay un clivaje poco estudiado: continuismo versus ‘rompismo’. Se combina la irrupción de outsiders con una suerte de caudillismo dinástico conformado por ex presidentes que vuelven, delfines políticos y parientes de ex mandatarios. Pero los dos extremos coinciden en la conformación de partidos personalistas”, dijo Correa.
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Muñoz, por su parte, vivió en carne propia la metamorfosis de régimen en su país natal, Venezuela. Llegó un momento –al enterarse que Hugo Chávez determinó el encarcelamiento de una jueza reaccionando ante uno de sus fallos- en que sintió que debía exiliarse porque el proceso de desmantelamiento democrático no tendría freno. Encontró asilo en los Estados Unidos, donde se hizo amigo del escritor y periodista tucumano Tomás Eloy Martínez, en la Universidad de Rutgers. “Hoy hay juicios multimillonarios contra medios y fuertes fricciones institucionales pero todavía existe un sistema de contrapesos. Aunque no debemos caer en un optimismo ingenuo, hay un largo trayecto por recorrer respecto de lo que pasó en Venezuela con Chávez, que atropelló las instituciones como si estuviera montado en un tractor”, reflexionó Muñoz.
Dessein, finalmente, planteó que había novedades en el escenario político actual en relación al pasado por la vinculación entre la política y la tecnología. “Sin la revolución digital los outsiders no habrían podido superar las limitaciones políticas –la necesidad de estructuras y presencia territorial-, culturales –nivel de conocimiento de los candidatos- y económicas –los millones de dólares necesarios para una campaña- que constituían barreras infranqueables para cualquier proyecto político. En ese sentido es una democratización del acceso. Pero la dinámica digital tiende a estimular la polarización, la fragmentación, la desinformación y una simplificación que contaminan el debate democrático”, concluyó.